Cuando un personaje se convierte en Propósito
Hay personajes que nacen de un libreto, otros de una ocurrencia improvisada, y algunos —los más escasos— nacen de la vida misma. Ese es el caso de Chagualdo, el personaje que con el tiempo se volvió un símbolo de humor, resiliencia y fe para miles de personas en Colombia. Pero su origen no fue planeado, ni calculado. Chagualdo nació de una mezcla poderosa: dolor, barrio, gracia natural… y una misión que aún Rober Camacho no entendía del todo.
Un personaje que empezó siendo una defensa frente a la vida
Antes de ser humorista, antes de subir a un escenario, antes siquiera de imaginar un nombre artístico, Rober ya era un contador de historias nato. De niño imitaba a los vecinos, exageraba su vida en el barrio, reproducía diálogos de las callejuelas y convertía cualquier situación difícil en un chiste, aunque fuera solo para aliviar la tensión de su propia casa o para escapar de realidades que pesaban.
Sin darse cuenta, esa “necesidad de hacer reír” se convirtió en un mecanismo de supervivencia. Y como suele pasar con los dones más auténticos, lo que empezó como defensa terminó siendo propósito.
Chagualdo —aunque aún no existía formalmente— estaba incubándose en cada risa que Rober provocaba sin proponérselo, en cada imitación espontánea, en cada caída que transformaba en anécdota graciosa. No era un personaje inventado: era un personaje descubierto.
El origen del nombre: una mezcla de barrio, fantasía y destino
El nombre “Chagualdo” llegó como llegan las buenas ideas: inesperadamente, casi ridículo al principio, pero imposible de soltar una vez pronunciado.
No tenía una historia glamorosa detrás, sino algo más auténtico: sonaba a barrio, sonaba a amigo, sonaba a tipo que todos conocen… al que le pasan cosas, al que la vida le da duro pero nunca lo tumba del todo. Alguien con quien la gente puede identificarse sin esfuerzo.
Chagualdo no pretendía sonar chistoso: simplemente lo era. Era un nombre que cargaba humor solo con existir. Y detrás de ese nombre, poco a poco, Rober encontró su voz.
El personaje toma forma: humanidad, humor y fe
Cuando Rober comenzó a presentar rutinas en pequeños escenarios, cafés y reuniones comunitarias, empezó a notar que la gente sufría, que estaba cargada, que necesitaba reír… pero también necesitaba escuchar algo más.
Así fue tomando forma la esencia del personaje:
- Un tipo sencillo, de barrio.
- Con humor cotidiano, observador, inteligente.
- Con una torpeza encantadora que lo hacía entrañable.
- Y con una espiritualidad auténtica que no sermonea, sino inspira.
Fue ahí donde su frase inicial —“¡Un aplauso para Jesús!”— apareció casi accidentalmente, pero terminó definiéndolo. No era parte del show. Era parte de su vida. Y el público lo abrazó.
Chagualdo se convirtió en un personaje que hacía reír… pero también hacía pensar.
La televisión lo consagra, la vida lo moldea
Cuando llegó la oportunidad de participar en Sábados Felices, el personaje ya estaba creado, pero aún no había sido probado en un escenario masivo. La televisión le dio forma, disciplina y visibilidad. Allí, el país conoció a ese personaje que llevaba dentro un corazón noble, humor costumbrista y una fe que no se imponía, sino que invitaba.
Pero fue la vida —los golpes, las recaídas, la restauración personal y espiritual— lo que terminó de convertir a Chagualdo en lo que es hoy: un personaje con propósito.
Porque detrás del humor está la historia real de un hombre que cayó, que se levantó y que decidió dedicar su vida a que otros también lo logren.
Cuando el personaje se vuelve misión
El nacimiento del personaje coincidió con el nacimiento de un llamado: servir. Hoy, Chagualdo no es solo un humorista. Es un vocero de esperanza. Es un puente entre el entretenimiento y la transformación. Es la cara amable de un mensaje profundo.
Y es por eso que su historia se entrelaza naturalmente con AVIPAZ, la fundación que lidera procesos de restauración de personas en situaciones vulnerables. Chagualdo no es solo un personaje para llenar teatros: es un personaje que abre puertas, toca corazones y alimenta propósitos.
El personaje que todos necesitamos
Chagualdo no es perfecto —y justamente ahí está su poder—. Es humano. Es cercano. Es un recordatorio de que la risa sana, de que Dios restaura y de que nadie está tan roto como para no volver a empezar.
Y así, lo que nació como un personaje de humor hoy es un símbolo de esperanza, un camino empresarial, una misión social y un motivo para sonreír… incluso cuando la vida pesa.

